Glosario de educación canina
Reactividad
También: perro reactivo
Un perro reactivo reacciona de forma exagerada —ladra, se lanza, gruñe— ante algo concreto: otros perros, bicicletas, personas. No es dominancia ni maldad: casi siempre hay miedo o frustración debajo. Se trabaja bajando la intensidad del estímulo hasta un nivel en que el perro pueda pensar, y cambiando lo que siente al verlo, no castigando la explosión.
Leer más: Mi perro se vuelve loco cuando ve otros perros →Señales de calma
También: señales de apaciguamiento
Gestos con los que el perro rebaja tensión, propia o ajena: girar la cabeza, bostezar sin sueño, lamerse el hocico, olisquear el suelo de repente, moverse despacio o en curva. Verlas a tiempo permite sacarle de una situación antes de que estalle. Ignorarlas, o castigar el gruñido que viene después, le enseña a saltarse los avisos.
Leer más: Señales de calma en perros →Método cognitivo-emocional
También: educación cognitivo-emocional
Forma de trabajar que mira primero qué siente el perro y por qué hace lo que hace, y después la conducta. La conducta es el síntoma; la emoción, la causa. Si solo tapas el síntoma con castigos, el problema vuelve o sale por otro lado. Es el método que uso en AdiestraMente, dentro del paraguas de la educación en positivo.
Leer más: Qué es el método cognitivo-emocional →Ansiedad por separación
También: ansiedad de separación
Angustia real del perro cuando se queda solo: vocaliza, destroza, se hace pis dentro, babea o intenta escapar, y solo en ausencias. No es venganza ni aburrimiento. Se trabaja con un protocolo progresivo —ausencias cortas que crecen a su ritmo— y nunca «dejándolo llorar». Es de lo que mejor se resuelve online, porque ocurre en casa.
Leer más: Ansiedad por separación: cómo la trabajo →Educación en positivo
También: adiestramiento en positivo, educación canina respetuosa, sin castigos
Enseñar haciendo que al perro le compense acertar, en vez de castigarle por fallar. No es permisividad: hay normas y límites; cambia cómo se enseñan. Sin gritos, sin castigos, sin collares de impacto. Es el término que la gente busca; dentro de él, el método cognitivo-emocional pone la emoción por delante.
Leer más: Qué es la educación canina en positivo →Umbral
También: distancia de seguridad
La distancia o intensidad a partir de la cual el perro deja de poder pensar y reacciona. Por debajo del umbral ve el estímulo, lo nota y aún puede aprender; por encima, solo sobrevive. Todo el trabajo con miedos y reactividad consiste en quedarse por debajo del umbral y, desde ahí, acercarlo poco a poco.
Leer más: Entender la reactividad →Contracondicionamiento
Cambiar lo que el perro siente ante algo, asociándolo a algo bueno: el petardo suena y aparece la comida que más le gusta, siempre. Con repeticiones, lo que daba miedo pasa a anunciar algo agradable. Va de la mano de la desensibilización y solo funciona por debajo del umbral.
Leer más: Miedo a los petardos: qué hacer →Desensibilización
También: desensibilización sistemática
Exponer al perro a lo que teme a una intensidad tan baja que no reaccione, y subirla muy despacio: un petardo grabado a volumen mínimo, un perro a cien metros. Si el perro estalla, la dosis era demasiado alta. Casi siempre se combina con contracondicionamiento.
Leer más: Miedo a los petardos: qué hacer →Protección de recursos
También: posesividad
Gruñir, quedarse rígido o morder cuando alguien se acerca a su comida, su hueso, su cama o su persona. Es miedo a perder algo valioso, no dominancia. Quitarle la cosa «para que aprenda» lo empeora: le confirma que su miedo tenía razón. Se trabaja enseñándole que la gente que se acerca trae, no quita.
Leer más: Modificación de conducta →Habituación
Acostumbrarse a algo por pura repetición sin que pase nada: el aspirador, el ascensor, el collar. Funciona con lo que no da miedo de verdad; si el perro ya tiene miedo, repetir sin más lo sensibiliza en vez de habituarlo, y ahí hace falta desensibilizar.
Leer más: Adiestramiento de cachorros, etapa por etapa →Enriquecimiento ambiental
También: enriquecimiento
Darle al perro cosas que hacer que tengan sentido para él: olfatear, masticar, resolver, explorar. No es llenar la casa de juguetes: es cubrir necesidades. Un perro con el olfato y la cabeza ocupados está más tranquilo que uno solo cansado de correr.
Leer más: Enriquecimiento ambiental en perros →Correa larga
También: correa de 10 metros, correa de rastreo
Correa de 5 a 20 metros que deja al perro moverse, olfatear y elegir sin ir suelto. Herramienta básica para el paseo, la llamada y el trabajo con reactividad: distancia sin perder el control. Mejor de PVC o engomada, que no quema las manos ni retiene el agua. Nada que ver con la extensible.
Leer más: Correa larga de PVC →Arnés en Y
También: arnés anatómico
Arnés cuya forma deja libres cuello y hombros: las tiras rodean el pecho y se unen entre las patas delanteras en Y. No aprieta la tráquea al tirar ni bloquea la zancada, como hacen los collares y los arneses «antitirones» que cruzan el pecho. Es el que uso con todos mis alumnos.
Leer más: Arnés en Y acolchado →Paseo de olfateo
También: paseo olfativo
Paseo en que manda la nariz del perro: ritmo lento, correa larga y tiempo para oler todo lo que quiera. Diez minutos olfateando cansan y relajan más que media hora andando rápido, porque el olfato es como su cerebro lee el mundo. Es la mejor herramienta gratuita contra el estrés.
Leer más: El paseo de olfateo →
Socialización
También: ventana de socialización
Las primeras semanas de vida —hasta las 12-16— en que el cachorro decide qué es normal en el mundo: personas, perros, ruidos, suelos, coches. No es «que juegue con muchos perros»: es vivir experiencias variadas y buenas, a su ritmo. Lo que no conoce en esa ventana puede dar miedo después.
Leer más: Cómo socializar cachorros →